En un nuevo capítulo del urbanismo creativo contemporáneo, una administración pública ha decidido dar un paso firme —aunque resbaladizo— hacia el progreso instalando rampas específicamente diseñadas para que las ranas puedan beber agua. Sí, ranas. Anfibios. Seres que llevan millones de años sobreviviendo sin planos técnicos, licitaciones ni notas de prensa.
La actuación, presentada como un “avance en biodiversidad inclusiva”, consiste en pequeñas rampas colocadas en fuentes, balsas o depósitos para evitar que las ranas “se queden atrapadas” o sufran dificultades a la hora de hidratarse. Un problema que, curiosamente, no constaba como prioridad ni para las propias ranas.
Una solución urgente a un problema inexistente
Según fuentes oficiales, la medida responde a la necesidad de “adaptar los espacios urbanos a todas las especies”, aunque no se ha aclarado si las ranas participaron en el proceso participativo o si votaron a favor del proyecto mediante croacocracia directa.
Los técnicos aseguran que sin estas rampas las ranas podrían sufrir estrés hídrico, ignorando el pequeño detalle de que las ranas viven literalmente en el agua y respiran a través de la piel. Pero la lógica, como es sabido, no siempre debe interferir en la innovación administrativa.
Inversión verde, pero bien verde
El coste del proyecto es de 240.000€, aunque se espera que incluya estudios previos, informes de impacto anfibio, campañas de sensibilización y, probablemente, un manual de uso de la rampa para ranas principiantes.
Mientras tanto, problemas menores como aceras rotas, fugas de agua, falta de mantenimiento urbano o servicios públicos deficitarios han quedado relegados a una fase posterior, justo después de la instalación de bebederos ergonómicos para caracoles.
Próximas actuaciones previstas
Fuentes no confirmadas apuntan a futuras iniciativas como:
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Escaleras mecánicas para hormigas con movilidad reducida.
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Sombrillas solares para lombrices en días de calor extremo.
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Bancos con respaldo emocional para palomas urbanas estresadas.
Todo ello dentro de un ambicioso plan integral de convivencia interespecies que, según sus impulsores, “sitúa a la ciudad a la vanguardia del respeto animal”, aunque no necesariamente del sentido común.
Las ranas, en silencio
Por el momento, las ranas no han emitido comunicado alguno. Siguen haciendo lo que han hecho siempre: saltar, nadar y beber agua sin leer boletines oficiales. Algunas incluso han sido vistas ignorando las rampas y accediendo al agua por métodos tradicionales, lo que ha generado preocupación entre los responsables del proyecto.
No se descarta una campaña informativa para educarlas.
Porque si algo ha quedado claro es que, en el siglo XXI, ni siquiera una rana puede beber agua sin supervisión institucional.
Ángel (Miche)