El Gobierno de Estados Unidos, junto con Israel, lanzó una ofensiva militar contra Irán que incluye ataques a infraestructura nuclear y militar iraní, argumentando que Teherán habría estado acercándose peligrosamente a una capacidad para fabricar armamento nuclear. El presidente estadounidense Donald Trump y sus principales asesores han afirmado que las operaciones buscan detener un programa que, según la inteligencia de Washington, podría haber generado material suficiente para cincuenta o más armas nucleares en un plazo relativamente corto, una evaluación que se ha convertido en una de las justificaciones clave para la ofensiva.
Escalada militar y nuclear
El 28 de febrero de 2026, Israel lanzó un ataque preventivo contra objetivos iraníes, en coordinación con fuerzas estadounidenses, como respuesta —según ambos gobiernos— a la amenaza de que Irán estuviera progresando en su programa de enriquecimiento de uranio con fines militares. Las explosiones en Teherán y otras regiones provocaron alarma en toda la región y llevaron a la activa participación militar de EE.UU. en el conflicto.
En una sesión especial ante el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) en Viena, autoridades iraníes denunciaron los ataques y calificaron a Washington y Tel Aviv de responsabilizarlos de una ofensiva “injustificada” y “contraria al derecho internacional”, mientras negaban que existieran bases reales para las acusaciones sobre un programa nuclear con fines bélicos.
Sospechas de material nuclear capaz de producir bombas
Uno de los fundamentos de la posición estadounidense ha sido la evaluación de inteligencia según la cual Irán poseía ya cantidades significativas de uranio enriquecido de alto grado, material que podría ser convertido en armas nucleares con relativa rapidez. Altos funcionarios de la administración Trump citaron datos —en entrevistas y ruedas de prensa recientes— de que Irán podría haber tenido, en el mejor de los casos para Teherán, suficiente material para fabricar hasta once bombas nucleares si las condiciones técnicas fueran favorables. Estas declaraciones se suman a valoraciones más amplias de Washington sobre la capacidad futura de Irán para generar material para aún más armas.
No obstante, organismos internacionales como el OIEA han señalado que no existe evidencia verificable de un plan estructurado o inminente para construir armas nucleares por parte de Irán y que las inspecciones no han confirmado la existencia de un programa de armamento nuclear activo.
Reacciones internacionales
La ofensiva ha dividido a la comunidad internacional. Mientras Estados Unidos y algunos aliados defienden la necesidad de una acción militar contundente para evitar la proliferación de armas nucleares, otros países, como el Reino Unido, han expresado reservas sobre la escalada y rechazado participar en ataques ofensivos ilimitados.
El conflicto ha desencadenado represalias por parte de Irán y sus aliados en la región, incluyendo ataques con misiles y drones contra posiciones estadounidenses y de países aliados, llevando la tensión en el Golfo Pérsico a niveles no vistos desde hace años.