Pedro Sánchez es un hombre entregado. Tanto, que ha tenido que levantar la vista de la tumbona de La Mareta para telepreocuparse por los incendios. No es fácil: uno está en chanclas, con la crema solar a medio extender, y de repente aparece un asesor con cara grave: “Presidente, el monte arde”. Y claro, toca abrir el portátil, poner gesto serio en Zoom y declarar solemnemente que el Gobierno “está al lado de los afectados”.
Porque la nueva política ya no se hace a pie de catástrofe, sino en videollamada, con aire acondicionado y conexión Wi-Fi de cinco estrellas. ¿Para qué visitar un bosque calcinado si puedes mandar un comunicado desde el spa? ¿Para qué mancharse los zapatos si basta con enviar un tuit compungido y prometer “toda la ayuda necesaria”?
La imagen es poderosa: el país ardiendo y el presidente, interrumpiendo brevemente sus vacaciones —qué sacrificio— para posar con gesto compasivo frente a una pantalla. Eso sí, la hamaca espera. La solidaridad no está reñida con un buen baño en la piscina privada.
Pero seamos justos: Sánchez no es el único maestro del telepreocupamiento. Es la nueva moda política. Se inauguran hospitales por streaming, se presiden cumbres desde el sofá y se gestionan crisis con un “retuiteo solidario”. Es gobernar sin despeinarse, literalmente.
Mientras tanto, los bomberos siguen luchando contra las llamas, los vecinos pierden sus casas y los voluntarios se parten la espalda. Pero tranquilos: el presidente ya ha mostrado su preocupación remota. Y eso, en la España actual, parece que basta.
En definitiva, no es que Sánchez gobierne desde La Mareta. Es que ha reinventado el mando a distancia: ahora sirve para apagar incendios… sin moverse de la tumbona.
Por: Ángel (Miche)