Montero desploma el suelo del PSOE con los peores resultados de su historia

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El PSOE andaluz ya conocía el fondo. O eso creía. Porque María Jesús Montero consiguió este domingo una hazaña política difícil de igualar: convertir el peor resultado histórico del partido en Andalucía… en un resultado todavía peor.

La candidata socialista firmó el registro más bajo jamás obtenido por el PSOE andaluz en unas autonómicas, dejando al partido por debajo de la barrera psicológica de los 30 escaños y consolidando una caída que hace apenas una década parecía imposible en la comunidad que durante años fue considerada el gran bastión socialista de España.

Ni la maquinaria de Ferraz, ni la exposición mediática de Montero como vicepresidenta del Gobierno, ni semanas de campaña apelando al “miedo a la derecha” evitaron el desastre. Andalucía habló. Y lo hizo con una contundencia incómoda para Pedro Sánchez.

Del “PSOE invencible” al PSOE irrelevante

Hubo un tiempo en el que el PSOE ganaba elecciones en Andalucía casi por inercia. Bastaba con poner un cartel, inaugurar una rotonda y esperar el recuento. Hoy, en cambio, los socialistas celebran no haber desaparecido del mapa.

La paradoja es que Montero llegaba como el supuesto revulsivo. La dirigente sevillana debía recuperar ilusión, movilizar al electorado progresista y frenar el avance del PP. El resultado ha sido exactamente el contrario: menos escaños, más desgaste y una sensación de desconexión total con la realidad andaluza.

Mientras tanto, Juanma Moreno volvió a imponerse con comodidad, hasta el punto de que en Génova la principal preocupación de la noche no era ganar, sino por cuánto.

Una campaña diseñada en laboratorio

La estrategia socialista pareció diseñada por un comité de expertos en repetir errores:

  • culpar a “la ultraderecha” de todo,
  • nacionalizar la campaña,
  • evitar la autocrítica,
  • y confiar en que el simple rechazo al PP movilizara automáticamente a la izquierda.

Spoiler: no ocurrió.

El votante medio andaluz parecía más preocupado por la sanidad, el empleo o el coste de vida que por las consignas de argumentario emitidas desde Madrid. Y cuando un partido deja de escuchar a su electorado para escucharse solo a sí mismo, normalmente acaba contando escaños en lugar de votos.

Sánchez pierde otro termómetro político

Aunque desde Moncloa intentarán vender que unas autonómicas “no tienen lectura nacional”, el resultado vuelve a señalar un problema evidente para Pedro Sánchez: cada vez cuesta más transformar poder institucional en apoyo electoral duradero.

Porque Andalucía no es cualquier territorio. Es el símbolo histórico del socialismo español. Y si el PSOE toca suelo precisamente allí, la metáfora política se escribe sola.

La imagen de la noche fue casi cruel: dirigentes socialistas intentando presentar el hundimiento como una “base para reconstruir”. En política, cuando perder se convierte en el punto de partida del optimismo, suele significar que el incendio ya ha alcanzado la cocina.

El PSOE andaluz entra en modo supervivencia

Ahora comienza el ritual habitual:

  • reuniones internas,
  • llamadas a la reflexión,
  • promesas de renovación,
  • y análisis que concluirán, sorprendentemente, que “hay que conectar mejor con la ciudadanía”.

Traducido al castellano político: nadie sabe muy bien qué hacer.

Mientras tanto, el PSOE andaluz afronta una realidad incómoda. Ya no compite por gobernar Andalucía. Compite por evitar seguir empequeñeciéndose elección tras elección.

Y eso, para un partido que gobernó la comunidad durante casi cuatro décadas, no es un aviso. Es un derrumbe político en toda regla.

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