En Villena, donde la pólvora es casi religión y la fiesta está más blindada que la muralla de un castillo, se libra ahora una nueva contienda: José Plinio Navarro aspira a ser Regidor de las Fiestas de Moros y Cristianos. Y cuidado, porque aquí no hablamos de un cargo menor; hablamos de sentarse en la atalaya de la gloria festera, de decidir desfiles, horarios y hasta qué pasodoble sonará cuando más sudados estemos.
La política nacional podrá tener ministros, asesores y mariscales de salón, pero nada comparable al poder del Regidor en Villena: una mezcla entre César, mayordomo y jefe de protocolo medieval. Y es que mandar en las Fiestas de Moros y Cristianos no es tarea sencilla: requiere temple, diplomacia y la capacidad de sobrevivir a cinco tertulianos de comparsa discutiendo sobre si los arcabuces deben sonar más o menos fuerte.
Que nadie se engañe: optar a Regidor es casi como postularse a presidente del Gobierno, solo que con más pólvora y menos Falcon. José Plinio Navarro, seguramente consciente de la magnitud del reto, ha decidido dar un paso al frente, dispuesto a soportar la presión de tener a todo Villena mirando si la Entrada empieza puntual o si la banda de música se le escapa cinco compases.
El futuro dirá si logra el cargo, pero una cosa es segura: en Villena, ser Regidor de Fiestas otorga más popularidad que salir en la tele nacional. Y si alguien lo duda, que compare la ilusión de la ciudad por la proclamación de un presidente del Gobierno con el ruido que arma el anuncio de un nuevo Regidor.
Así que, Plinio, suerte en la batalla. No habrá arcabuces de fogueo: aquí cada decisión, cada desfile y cada palabra se dispara con pólvora de la buena.
Ángel (Miche)