Villena ha dado un paso interesante: un grupo de vecinos ha decidido organizarse y dar forma a una asociación ciudadana en defensa de la sanidad pública. No se trata de un gesto simbólico, sino de un claro mensaje: la salud de los ciudadanos no puede quedar a merced de retrasos administrativos, recortes presupuestarios o promesas incumplidas.
Que la ciudadanía se movilice es, en sí mismo, una noticia alentadora. Durante años, los villeneros han visto cómo el Centro Sanitario Integrado sufría cierres parciales, servicios trasladados y obras eternamente retrasadas. Ahora, la sociedad civil toma las riendas: informar, vigilar, exigir transparencia y, sobre todo, proteger la calidad asistencial.
Esta asociación no sustituye a las instituciones sanitarias, pero las empuja a cumplir con su deber. Porque la sanidad pública no es un lujo ni una concesión; es un derecho básico. Y cuando los ciudadanos se organizan para defenderlo, no están reclamando favores: están recordando a los responsables que la salud de la comunidad no es negociable.
Villena demuestra así que la acción ciudadana puede ser proactiva, constructiva y, a la vez, exigente. Que esta asociación crezca, se consolide y haga sentir su voz será un ejemplo para otras localidades que enfrentan problemas similares. Porque, al final, la sanidad pública solo será fuerte si quienes la utilizan y la sostienen también lo son.