Hay noticias que reconcilian con el periodismo. Villena ha recibido el sello «Más Bici» de La Vuelta por su compromiso con la movilidad sostenible y el cicloturismo. Y, por una vez, la sátira ha decidido tomarse el día libre porque competir con la realidad resulta imposible.
Guías
Según fuentes no contrastadas, el jurado recorrió la ciudad… en PowerPoint.
Porque hacerlo en bicicleta habría complicado bastante la evaluación.
Hay quien dice que Villena no está preparada para la movilidad ciclista. Falso. Está perfectamente preparada… para hablar de movilidad ciclista. Que es muchísimo más barato.
Aquí se ha descubierto el urbanismo cuántico. Los carriles bici existen y no existen al mismo tiempo. Todo depende de si estás leyendo la memoria del proyecto o intentando pedalear por ella.
El premio reconoce el compromiso con la bicicleta. Y eso es indiscutible. Compromiso hay. Resultado… ya si eso para la siguiente legislatura.
Lo importante es comprometerse.
Como quien promete empezar la dieta el lunes.
Llevamos unos cuantos lunes.
Los vecinos, ingratos ellos, insisten en pedir detalles absurdos: conexiones seguras, continuidad en los itinerarios, protección frente al tráfico o que un niño pueda ir al colegio sin que su madre consulte el seguro de vida.
Siempre poniendo pegas.
Porque lo verdaderamente importante es el sello.
Un sello da prestigio.
Un carril bici da problemas presupuestarios.
No es lo mismo.
Hay que entender las prioridades.
El Ayuntamiento presume del cicloturismo. Y tiene razón. Los paisajes que rodean Villena son espectaculares.
Solo existe un pequeño inconveniente: llegar vivo hasta ellos.
Pero tampoco exageremos.
Con un chaleco reflectante, tres luces LED, un casco MIPS, dos espejos retrovisores, un GPS, un rosario, un par de bengalas de emergencia y la bendición de San Cristóbal, el trayecto urbano resulta perfectamente asumible.
Otro mérito del premio es que convierte a Villena en una referencia nacional.
No cualquiera consigue ser ejemplo de movilidad sostenible sin que la movilidad sostenible se entere.
Eso requiere talento.
Y una excelente estrategia de comunicación.
La ciudad ha entendido que construir infraestructuras lleva años.
Los titulares se hacen en una mañana.
Y un diploma ocupa muchísimo menos espacio que un carril bici.
Mientras tanto, el coche continúa disfrutando de un ecosistema privilegiado. Dobles filas en libertad, aceras ocupadas por vehículos en su hábitat natural, glorietas donde cada conductor interpreta el Reglamento de Circulación según sus sentimientos y calles donde el límite de velocidad es, sobre todo, una sugerencia filosófica.
Pero tranquilos.
Tenemos un sello.
Quizá el año que viene Villena consiga el distintivo de «Ciudad Nadadora» por su firme apuesta por los deportes acuáticos.
Total, agua tampoco hace falta.
Con una buena nota de prensa basta.
Ángel (Miche)