Villena aprende a hacer un boca a pico mientras el resto sigue sin respiración asistida

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Villena nunca decepciona. Cuando uno piensa que ya ha visto todas las campañas posibles, aparece una nueva capaz de sorprender incluso al vecino que lleva cuarenta años diciendo aquello de «ya no inventan nada». La última: un taller de primeros auxilios para vencejos.

Y no, no es una inocentada con varios meses de retraso.

En una ciudad donde conseguir cita para según qué trámites requiere más fe que un peregrino medieval, donde los socavones tienen ya consideración de patrimonio geológico y donde algunos contenedores parecen haber solicitado oficialmente la jubilación, la prioridad informativa es aprender a atender aves insectívoras.

Magnífico.

No faltará quien piense que se trata de una actividad menor. Error. Es exactamente el tipo de noticia que convierte a Villena en un lugar especial. Hay ciudades anunciando inversiones millonarias. Nosotros enseñamos a sujetar correctamente un pájaro de cuarenta gramos. Cada uno juega la liga que puede… o la que le dejan.

Eso sí, conviene reconocer una cosa: el vencejo tiene mejor prensa que muchos ciudadanos. Si aparece desorientado en el suelo, moviliza expertos, voluntarios y un taller específico. Si el que está tirado es un vecino esperando que le solucionen algún problema administrativo, probablemente le recomienden volver con otra fotocopia.

La escena promete. Decenas de personas reunidas alrededor de un pequeño pájaro mientras alguien explica con solemnidad: «Lo importante es no hacerle daño». Un consejo excelente que, llevado a otros ámbitos de la vida pública, podría revolucionar la gestión municipal.

Porque si algo caracteriza a nuestra época es la capacidad para organizar jornadas, talleres, semanas temáticas, encuentros, mesas redondas y actividades de sensibilización sobre absolutamente cualquier asunto. Resolver los problemas ya resulta bastante más complejo; explicarlos en una sala con proyector, eso sí se nos da de maravilla.

Dentro de unos años, cuando alguien pregunte qué hacía Villena en la década de 2020, la respuesta será sencilla: impartir talleres. De igualdad, reciclaje, biodiversidad, compostaje, consumo responsable, salud emocional, movilidad sostenible… y ahora también de primeros auxilios para vencejos. Si los diplomas arreglaran los problemas, seríamos la capital mundial del bienestar.

Y, sin embargo, aquí llega la parte incómoda de esta columna: el taller tiene todo el sentido del mundo.

Porque resulta que los vencejos son animales extraordinarios, controlan plagas de insectos, pasan casi toda su vida volando y, cuando caen al suelo, muchas veces dependen de que alguien sepa exactamente qué hacer… o qué no hacer.

Así que el chiste no está en el taller. El chiste es que una noticia sobre cómo salvar un pájaro diminuto termine pareciendo más útil que muchas ruedas de prensa sobre asuntos infinitamente más importantes.

Al final va a resultar que el único que recibe primeros auxilios de verdad en esta historia es el sentido común. Y eso, visto el panorama, casi merece otro curso.

Ángel (Miche)

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