La recuperación económica y el récord de empleo que exhibe España no se están traduciendo en una mejora equivalente del bienestar de los trabajadores. Diversos estudios e informes recientes muestran que el poder adquisitivo de los salarios continúa deteriorándose o, en el mejor de los casos, permanece estancado frente al aumento acumulado del coste de la vida.
Según datos recogidos por Eurostat, los salarios españoles crecieron un 3,2% en 2025, apenas por encima de una inflación media del 2,7%. Sin embargo, este avance ha sido insuficiente para compensar las pérdidas acumuladas durante la crisis inflacionista iniciada en 2021. España figura entre los países de la Unión Europea con menor recuperación del poder adquisitivo de los trabajadores.
La situación resulta especialmente preocupante al analizar el largo plazo. Durante las últimas tres décadas, los salarios reales apenas han aumentado un 9,6%, un comportamiento que los expertos atribuyen principalmente al débil crecimiento de la productividad y a una estructura económica dominada por pequeñas empresas y sectores de bajo valor añadido.
Los efectos son visibles en la economía doméstica. Entre 2020 y 2025, los precios aumentaron más de un 22%, mientras que los salarios pactados en convenio crecieron cerca de un 18%, lo que supone una pérdida acumulada de más de cuatro puntos de capacidad de compra. La alimentación y la vivienda son los capítulos que más presión ejercen sobre los presupuestos familiares, con incrementos especialmente intensos en los productos básicos.
Además, organismos internacionales como la OCDE han advertido de que la falta de actualización del IRPF frente a la inflación está aumentando la carga fiscal efectiva sobre muchos asalariados. Aunque los salarios nominales suben, una parte de esa mejora se diluye por el efecto combinado de los precios y de una mayor presión tributaria.
El resultado es una creciente sensación de empobrecimiento entre los trabajadores. Diversas encuestas muestran que una mayoría considera que su nómina compra hoy menos bienes y servicios que hace apenas unos años. Incluso entre quienes han recibido aumentos salariales recientes, muchos afirman no percibir una mejora real en su nivel de vida.
Los economistas coinciden en que el problema tiene raíces estructurales. El fuerte crecimiento del empleo ha impulsado la economía, pero no ha venido acompañado de ganancias suficientes en productividad, innovación y tamaño empresarial. Sin cambios en estos factores, advierten los expertos, será difícil que los salarios recuperen de forma sostenida el terreno perdido frente al coste de la vida.
Mientras tanto, millones de trabajadores afrontan una realidad incómoda: tener empleo ya no garantiza mantener el mismo nivel de consumo que hace apenas cinco años.