El Tesoro de Villena no es una pieza más de nuestro patrimonio. Es uno de los símbolos que mejor representan nuestra historia, nuestra identidad y el vínculo de Villena con un pasado que pertenece a todos. Por eso, cuando surgen dudas, sospechas o interrogantes en torno a su custodia, protección o posible desaparición de piezas, la respuesta no puede ser el silencio.
El pueblo de Villena tiene derecho a conocer qué ocurrió, cómo ocurrió y, sobre todo, si hubo responsabilidades. No se trata de buscar culpables de manera precipitada ni de alimentar rumores. Se trata de exigir algo mucho más sencillo y democrático: transparencia, explicaciones y rendición de cuentas.
Cuando hablamos de un patrimonio de semejante valor histórico y cultural, las responsabilidades no pueden diluirse entre despachos, organismos y procedimientos administrativos. Si se produjo un robo, una pérdida, una negligencia o cualquier actuación irregular, debe investigarse hasta sus últimas consecuencias y, si corresponde, quienes tengan responsabilidad deberán asumirla.
Villena ha demostrado durante décadas que siente el Tesoro como algo propio. Generaciones de ciudadanos han crecido sabiendo que bajo nuestra tierra y en nuestra historia existe un patrimonio excepcional que merece ser protegido. Precisamente por eso, cualquier sombra de duda sobre su seguridad afecta a toda la ciudadanía.
La cuestión tampoco debería convertirse en una batalla política. El patrimonio histórico está por encima de partidos y legislaturas. Lo que reclama la sociedad es una investigación rigurosa, independiente y transparente que permita separar los hechos de las especulaciones. Y, una vez conocidos los hechos, actuar en consecuencia.
También sería un error pensar que pedir responsabilidades significa atacar a una institución concreta. Todo lo contrario. Las instituciones se fortalecen cuando son capaces de explicar sus decisiones, reconocer posibles errores y corregirlos. La confianza pública no se consigue pidiendo a los ciudadanos que confíen; se consigue ofreciendo información y demostrando que existen mecanismos eficaces de control.
Villena merece saber qué ha pasado con su patrimonio. Merece conocer quién tenía las responsabilidades de custodia, qué protocolos existían, si se cumplieron y qué medidas se adoptaron cuando se detectaron las irregularidades. Y merece saber qué se va a hacer para que una situación semejante no vuelva a producirse.
No debemos conformarnos con explicaciones vagas ni con que el paso del tiempo termine enterrando las preguntas. El Tesoro de Villena tiene miles de años de historia. Las responsabilidades, cuando existan, no deberían desaparecer simplemente porque transcurra el tiempo.
La ciudadanía no está pidiendo venganza. Está pidiendo verdad y responsabilidad.
Y esa petición debería ser escuchada.
Porque el Tesoro de Villena no pertenece a quienes circunstancialmente tienen la obligación de custodiarlo. Pertenece a Villena, a su memoria colectiva y, en definitiva, a todos.
Por eso, ante cualquier duda sobre su integridad o custodia, la respuesta debe ser clara: investigar, esclarecer y, si procede, depurar responsabilidades.
Villena tiene derecho a saber. Y las instituciones tienen la obligación de explicar.
Ángel (Miche).